DESCRIPCION

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lunes, 5 de octubre de 2015

CONVOCATORIA

México, D.F., 5 de Octubre de 2015

Se invita a los alumnos, de todos los grados, que deseen participar al primer concurso de “CUENTO DE TERROR”, los interesados  tendrán que realizar su registro con la Profesora. Mirna Cendey, del 5 de  al 9 de Octubre de 2015, en la escuela o por mensaje inbox al Facebook de la escuela, (en el caso de los primero A, B.C y D podrán registrarse con la Profesora Mayra).
El cuento deberá ser creado bajo las siguientes especificaciones:
·      En el primer renglón deberá escribirse el título,
·       En el segundo renglón deberá escribirse el nombre del autor y su seudónimo (este último es opcional),
·      el relato iniciará a partir del tercer renglón.
·        Tendrá una longitud mínima de una hoja tamaño carta, redactado en Word, empleando interlineado de 1.5, fuente Arial a tamaño 10.
·       La fecha límite de entrega será el 26 de Octubre de 2015.
Los relatos concursantes serán leídos por un comité, tomando en cuenta su originalidad, el interés de la historia, la ortografía, el correcto manejo del idioma.

El anuncio de los ganadores se hará el día 2  de Noviembre, lo cuentos ganadores serán publicados en el blog de lectura de la escuela y se entregará un obsequio sorpresa, para el mejor cuento de cada grado.


viernes, 2 de octubre de 2015




ARTÍCULO RECOMENDADO POR LA TEACHER ANGÉLICA RUBÍ

Tired student surrounded by books

¿Por qué me duermo cuando leo?

Es una de las preguntas que de forma frecuente me hacen y la respuesta es muy sencilla. Probablemente sea debido a cómo, qué, cuándo, y dónde estás leyendo.
¡Es una mezcla de todo!

Posición de lectura

No debes sentarte en un lugar que sea demasiado cómodo. Lee en una mesa, escritorio o cubículo, y siéntate erguido en tu asiento. No te acomodes hacía atrás en tu sillón reclinable, y sobre todo no leas en la cama… a menos que estés tratando de conciliar el sueño.
Para lograr concentrarnos en la lectura, requerimos de una adecuada posición. Tu cerebro puede fotografiar grupos de palabras a alta velocidad pero para lograrlo debes evitar distraerte con otros elementos a tu alrededor. Asegúrate de que estás bien sentado, apoyando tu espalda en la silla, con los pies en el suelo al momento de leer y que te encuentras totalmente alerta.

Toma descansos

Si intentas leer durante largos períodos de tiempo, puede que caigas dormido antes de lo planeado, así que lo mejor es establecer un límite para tomar un descanso, ya sea en cuanto a tiempo, por ejemplo, cinco minutos para cada media hora, o con respecto al contenido, como entre los capítulos (o después de un número de páginas). 

Contenido

Asegúrate de que el material que estás leyendo es interesante y relevante para ti. Suena como una obviedad, pero cuando te encuentres aburrido con lo que estás leyendo y te sientas con sueño, detente y piensa: ¿por qué estoy leyendo esto?
Antes de leer un libro con el fin de aprender algo, pregúntate qué quieres aprender. ¿Qué preguntas quieres que te conteste este libro?
Al leer o estudiar un texto difícil o aburrido algunos se preguntan “¿Por qué es esto tan aburrido?”. Otros se preguntan “¿Cómo puedo aprender esto más rápido y mejor?”Estas preguntas hacen TODA LA DIFERENCIA.

La hora del día

Si intentas leer después de una comida, cerca de la hora de dormir, mientras te relajas después de un duro día de trabajo o un largo viaje, o en cualquier momento en el que tu cuerpo sienta que quiere descansar, no te sorprendas si te da somnolencia. Durante el día, a media mañana o por la tarde funciona mejor. Aproveche la luz del día.
Hablando de la luz…

Iluminación

Probablemente es uno de los puntos más importantes. Asegúrate de que tu espacio de lectura está bien iluminado, incluso si estás leyendo desde un dispositivo móvil como una tableta o e-reader. Tienes mayor probabilidad de quedarte dormido en un espacio oscuro o con poca luz que en uno brillante.

Algunos consejos de iluminación:

    • En casa, recomiendo una buena mesa con una lámpara de pinza o luz blanca.
    • La luz de una vela o incluso una chimenea es probablemente demasiado tenue para leer.
    • La luz del sol sería ideal.

Sonido

Un espacio de lectura relajado y libre de distracciones es bueno, pero si hay música suave o un delicado ruido de fondo, puedes caer dormido. No estoy diciendo que tiene que ser un lugar totalmente silencioso; sólo asegúrate de que las ondas sonoras que entren en tus canales auditivos no desencadenen una respuesta de sueño en tu cerebro.
En este punto te recomiendo escuchar música científica al leer, ésta aumenta nuestra concentración hasta un 400% de manera automática y sin esfuerzo.
… Y si aún sigues despierto… Deja un comentario ¿Te has dormido al leer alguna vez?

domingo, 27 de septiembre de 2015

Esta es una recomendación de la Maestra Tania Fuentes y de los grupos  2° B, C Y D.


El corazón delator[Cuento. Texto completo.]Edgar Allan Poe
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.
Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
-¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.
Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!
Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.
Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!
FIN

LO PUEDEN BUSCAR EN LA BIBLIOTECA DEL PLANTEL O DESCARGARLO EN LA SIGUIENTE LIGA, DONDE ENCONTRARAN OTROS CUENTOS

http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.ciudadseva.com%2Ftextos%2Fcuentos%2Fing%2Fpoe%2Fcorazon.htm&h=AAQF3MERg

jueves, 24 de septiembre de 2015

REALIZA LA LECTURA Y RESUELVE LOS EJERCICIOS

TORTILLA DE PATATA

Para hacer una tortilla de patata necesitaremos huevos, patatas, aceite y sal.
En primer lugar pelar las patatas y cortarlas en rodajas. Calentar el aceite en una sartén y echar en ella las patatas procurando que se vayan friendo por igual, removiéndolas con un tenedor. Sazonar las patatas.
Cuando las patatas ya estén fritas, con un cierto tono dorado, cascar y batir los huevos en un plato hondo y holgado. Retirar las patatas procurando que escurran bien el aceite. Seguidamente mezclar el huevo batido con las patatas fritas, procurando que el huevo quede bien repartido por todas las patatas, resultando una masa homogénea.
Retirar parte del aceite de la sartén, dejando únicamente una fina capa que calentaremos antes de echar la mezcla de huevo y patata. Bajar un poco el fuego para que se cuaje por dentro y vigilar que no se queme alguna zona. Cuando ya se ha hecho la parte inferior es preciso darle la vuelta, ayudados de un plato, tapadera o lanzándola al aire si la tortilla no es muy grande y el cocinero es habilidoso. Cocinar el otro lado y dar más vueltas si es preciso hasta que cuaje por dentro y quede dorada y sabrosa por fuera.

V        F   
V        F   
V        F   
V        F   
V        F   
V        F   
V        F   
Para hacer una tortilla de patata necesitaremos leche y harina.
Primero hay que freír el huevo batido y luego pelar las patatas.
En primer lugar hay que pelar las patatas y cortarlas en rodajas.
Cuando está hecha por un lado hay que darle la vuelta con cuidado.
Hay que procurar que todas las patatas se frían por igual.
Podemos darle la vuelta con un plato o lanzándola  al aire.
Al final le podemos poner un poco de harina para que esté más buena.


Completa las frases:


  • Primero hay que …………………… las patatas y ……………………..en rodajas
  • Para hacer tortillas calentamos el aceite en una ………………………
  •  Al retirar las patatas hay que ………………………….. bien el aceite
  • Podemos darle la vuelta con ……………………………………………
  • Para hacer una tortilla de patata necesitamos………..……….., patatas, aceite y sal
  • Me gusta la tortilla de patata porque ………………………………….

ENCADENADAS


acera


vela
río
calle
playa


desnudo
dentro
león
farola

espalda
fuera
luz
árbol

despacio
bombilla
manos
negro

correr
abrir
soñar
apagar

interruptor
candado
cerradura
dinero

carpintero
electricista
pintor
profesor

caballo
mecánico
anciano
acabado

mecánico

comida
mesa
vendedor
motor


gasolina
golosina
silencio
doctor

lento
gaseoso
líquido
alumno

morir
rápido
agua
hielo

lluvia
tenedor
sombra
arena

sol
barco
barro
piedra

cortar
salir
planchar
ensuciar

lavadora
televisor
nevera
ventilador

lavadora


molesta
transporte
eléctrica
alimentación


cuchara
servilleta
cocina
escoba

llegada
fuera
vestido
comida

lengua
radio
cuadro
oreja

dura
boca
espalda
cuadrada

rodilla
suelo
cabeza
pies


arriba
abajo
dentro
despacio

pozo
tejado
garaje
sótano

tejado


sombrero
chimenea
mojado
planchado


humo
frío
viento
lluvia

zumo
fuego
niebla
manta

largo
luego
color
calor

azul
corto
verano
sabor

blanco
enero
martes
otoño

estación año
después
gramo

ascensor
hospital
autobús
debajo

autobús


volar
ruedas
platos
cuaderno


redondas
cuerdas
ninguna
cuadradas

piedras
monedas
demasiadas
medianas

plástico
cartón
metal
papel

árbol
sombrero
traje
motor

arrancar
escribir
sudar
cocinar

río
muela
aparcar
nube


dentista
espalda
revista
albañil
Lee el texto y responde las preguntas, rellenando con lápiz el círculo que corresponda a la
respuesta correcta.
Móvil de estrellas
Materiales:
-Hojas de colores 18x18 cm.
-Tijeras.
-Dos palos de madera.
-Hilo. (Puede sustituirse por listones).

Instrucciones:
[1]
Dobla la hoja por la mitad y marca el doblez. Extiéndela nuevamente y realiza la misma operación
pero volteando la hoja para que quede una cruz marcada.
[2]
Después, realiza la misma operación, pero esta vez formando un triángulo. Extiende la hoja y
continúa del otro lado. Al desdoblar la hoja deberá quedar un asterisco marcando en el centro.
[3]
Junta las líneas diagonales hacia el centro para formar una estrella de cuatro puntas.
[4]
Junta cada una de las puntas para que quede un triángulo.
[5]
Con las puntas juntas a manera de triángulos, realiza pequeños cortes en la parte externa.
[6]
Al separar nuevamente las puntas, debe quedar una estrella similar al papel picado.
[7]
Elabora un total de cuatro estrellas.
[8]
Posteriormente, ata los polos de madera con el hilo para que queden en forma de cruz. De los
extremos de los palos amarra hilos de distintos largos.
[9]
Cuelga cuidadosamente las estrellas de los hilos para formar un lindo y colorido móvil.
[10]
Puedes pintar los palos con los colores que más te gusten y poner más estrellas.

Secretaría de Educación de Pública. (2010). Español. Cuarto grado. Articulación de la Educación Básica. Fase experimental, pp. 57.
(Adaptación).

1. ¿Cuál es el propósito del texto?
A) Dar información acerca de los móviles de estrellas.
B) Indicar los pasos para hacer un móvil de estrellas.
C) Mostrar ejemplos de móviles de estrellas.

2. Según el texto, ¿qué material se puede utilizar para sustituir el hilo?
A) Espirales.
B) Alambres.
C) Listones.

3. ¿Qué aspecto tendría el papel si se realizaran los dobleces indicados en las dos primeras
instrucciones?

4. Según el instructivo, ¿qué se forma al realizar todos los dobleces indicados y unir las
líneas diagonales hacia el centro?
A) Una estrella de cuatro puntas.
B) Una estrella de cinco puntas.
C) Una estrella de seis puntas.

5. En el texto aparecen verbos como formar y poner. ¿A qué forma verbal pertenece su
terminación?
A) Al infinitivo.
B) Al gerundio.
C) Al participio.

6. ¿Cuál de las siguientes palabras utilizadas en el párrafo [8] funciona como un conector que
indica secuencia?
A) Posteriormente.
B) Forma.
C) Amarra.

7. ¿Cuál de las siguientes palabras podría emplearse para sustituir el adverbio
cuidadosamente?
A) Rápidamente.
B) Tranquilamente.
C) Delicadamente.
Lee el texto y responde las preguntas, rellenando con lápiz el círculo que corresponda a la
respuesta correcta.
Los aztecas
[1]
Los aztecas eran guerreros incansables. Pelearon contra pueblos numerosos; enriquecieron a sus
reyes y sacerdotes con los tributos* arrancados a las poblaciones que conquistaban, y aplicaron al
engrandecimiento de su ciudad el trabajo de los vencidos.
[2]
Entre los aztecas había hábiles artesanos que trabajaban maravillosamente el oro y la plata; que
labraban collares, orejeras, vasos, platos y multitud de objetos, útiles o de ornato.
[3]
Conocían el algodón, y lo hilaban para transformarlo en finas mantas, hermosas por el trazo y el color
de sus dibujos.
[4]
De las plumas de los pájaros, a que daban caza en los bosques, tejían ropajes, tan bellos como
delicados, y confeccionaban vistosos adornos para el rey, los sacerdotes y los grandes señores.
[5]
Fabricaban, decorándolos con grecas y otras figuras, vasijas y diversos utensilios de barro o de
madera.
[6]
Inventaron un calendario que llevaba la cuenta de los días y los años.
[7]
Conocían las propiedades y virtudes de muchas plantas, y las utilizaban en la medicina y en la
industria. Así obtenían las tintas con las que coloreaban el algodón.
[8]
Conservaban la historia de sus hechos y conquistas, para lo cual los consignaban con dibujos, no con
letras, en amatl, papel por ellos fabricado con la albura del árbol que hoy llamamos amate.
[9]
Así vivieron durante muchos años.
[10]
Así los encontraron los españoles que, capitaneados por Hernán Cortés, llegaron a conquistar a
Tenochtitlán en el año de 1519.
[11]
En aquel tiempo era rey de los aztecas Moctezuma Xocoyotzin.

Secretaría de Educación Pública. (1960). Mi libro de segundo año, pp. 167.
* Tributo: Carga continua u obligación que impone el uso o disfrute de algo.

1. ¿Qué presenta este texto?
A) Una descripción de las actividades que realizaban los aztecas.
B) Una descripción de la forma en que fueron conquistados los aztecas.
C) Una descripción de la forma en que fueron educados los aztecas.

2. ¿A qué hace referencia la palabra subrayada en el párrafo [1]?
A) A las contribuciones que los vencidos hacían a los aztecas.
B) A las propiedades que los vencidos cedieron a los aztecas.
C) A los regalos que los vencidos dieron a los aztecas.

3. Según el texto, ¿qué personajes aztecas labraban el oro y la plata?
A) Los reyes.
B) Los joyeros.
C) Los artesanos.

4. De forma general, el párrafo [3] hace referencia a:
A) el uso que los aztecas daban al algodón.
B) el gusto de los aztecas por la ropa colorida.
C) la habilidad de los aztecas en la confección de ropa.

5. De acuerdo al texto, ¿cuál de las siguientes afirmaciones es correcta?
A) Los aztecas conocían las propiedades de las plantas y las utilizaban para la medicina y la
industria.
B) Los aztecas conocían las propiedades de las plantas y las utilizaban para la preparación de
alimentos.
C) Los aztecas conocían las propiedades de las plantas y las utilizaban para colorear la seda.

6. Según el párrafo [8], ¿cómo registraban su historia los aztecas?
A) A través de escritos realizados en papel de amate.
B) A través de dibujos realizados en papel de amate.
C) A través de escritos y dibujos realizados en papel de amate.

7. Tomando como base la información contenida en el texto, ¿de dónde eran originarios los
personajes que conquistaron a los aztecas?
A) De Asia.
B) De África.
C) De Europa.

8. ¿En qué año los españoles llegaron a Tenochtitlán?
A) En 1519.
B) En 1529.
C) En 1539.